No puedo, no puedo, no puedo… intento salir de la oscuridad que ahora me envuelve pero no consigo salir de aquí y parece que voy cayendo a un pozo que día a día es más profundo, sin fin…

Cada día te imagino esperándome en la puerta del trabajo para llorar en mis brazos disculpándote por tu equivocación y cada día al llegar ese momento obtengo la misma respuesta, el silencio y el vacío porque tú no estás…

Sé que no vas a volver, ¡me lo has dicho!, no te vas a arrepentir porque como afirmaste sin ningún quiebro en la voz ni me quieres hoy ¡¡¡ni me vas a querer nunca!!! y eso me digo cada día para que tratar de prevenir el dolor de no saber de ti, pero al acabar el día el corazón duele demasiado porque no consigo matar ese hilo de esperanza y es que, dejaría de ser aquella soñadora que cree en los cuentos de hadas si no creyera en un final feliz para nuestro cuento…

Debería odiarte por cómo me has tratado, por no haber dado la cara, por haberme hecho sentir como un juguete roto al que abandonar en cualquier basurero… pero, seré muy tonta porque, como diría Sabina “y sin embargo, te quiero…”

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