Fruto de un pasado dañino y olvidado, caíste ante mis ojos sin que a penas me diera tiempo de divisar tu llegada, llenando mi cabeza de dudas causadas por lo enigmático de la situación…

Brillabas con luz propia, sin necesidad de adornos ni mentiras, brillabas como lo hace el Sol cada amanecer sobre las aguas del Mediterráneo y, bajo aquellas aguas, allí donde un día concebí mi hogar, viniste a buscarme…

Años creando  mi hogar submarino, el lugar donde no vive el odio, no respira la intransigencia, la maldad no sobrevive y la tristeza ya no ciega… El mundo donde sólo había cabida para mi Yo más profundo, donde cobijarme cuando rayos de dolorosa realidad trataban de quemar mi piel, allí donde construí mi fortaleza, hasta allílograste entrar de esa manera tan propia de ti, tan irreverente como siempre…

Con el pecho invadido cada día por el pavor, he dejado que te asentaras en mi humilde hogar, que respirases por cada poro de tu piel el cariño con el que fue construido, pero… asusta.  Me asusta observar cuando, en ciertos momentos, alzas la vista hacia la superficie, cuando tu mirada evoca añoranza de realidad como si trataras de volver nadando a ella… Y yo, yo persigo esa mirada hacia el infinito, mendigando sus distracciones, añorando su ausencia… y trato de no pensar en ella cada noche mientras mi cabeza se amolda a los recovecos de tu pecho pero… lo hago, siempre acabo haciéndolo…

“… miedo a tenerte que olvidar…”