Hoy vengo a deciros una cosa: soy fan de Anatomía de Grey. Posiblemente penséis que no vale un duro, seguramente opinéis que es una telenovela al más puro estilo americano, pero esta serie tiene algo que por lo menos a mí, me haría verla lápiz y papel en mano, si no existiera Internet… Este algo son las reflexiones que su protagonista, Meredith, hace al principio y al final de cada capítulo.

Hoy voy a dejaros una que me rozó el alma y me besó el corazón…

Es impresionante ver las clases de adicción que existen. Sería demasiado fácil si sólo fueran las drogas, la bebida y el tabaco. Yo creo que la parte más dura de mandar a la mierda un hábito, es querer mandarlo a la mierda. Es decir, nos hacemos adictos por un motivo, ¿verdad? A menudo, demasiado a menudo, las cosas empiezan de cero como una parte normal de tu vida y de algún modo cruzan la línea de la obsesión, compulsión, perder el control.

El caso es que la adicción nunca termina bien. Porque tarde o temprano, lo que nos haya tenido drogados… deja de hacer sentir bien y empieza a doler. Pero dicen que no mandas a la mierda al hábito hasta que caes en lo más bajo. ¿Pero cuándo sabes que has caído? Porque no importa cuánto daño nos esté haciendo algo. A veces dejarlo marchar nos duele más.